15 5 / 2013

(Source: quadici, via 0verjooyed)

14 5 / 2013

A todos alguna vez se nos ha cruzado por la cabeza, hablarle al chico(a) súper guapo(a) que se sube a la micro o al metro y que inexorablemente queda cerca nuestro.

Más de alguno se ha pasado la media hora o la hora entera de viaje pensando en maneras de llamar su atención o aunque sea de sacarle un: “¿tienes hora que me digas?”. Pero como buenos chilenos, vergonzosos y poco atrevidos, no decimos ni pío y la mayor parte de las veces nos hacemos los locos y miramos para otro lado.

Ya no recuerdo cuando fue la primera vez que deseé que el chico que estaba cerca mío me hablara, pero sí recuerdo la última.

Volvía de un día movido y agitado, traía mi mochila pesadísima y para llegar a mi casa tengo dos micros que me servían, en una había que hacer fila, pero al menos me aseguraba de irme sentada. Decidí tomar esa micro y hacer la bendita fila, mientras escuchaba a The Smiths en mi mp3 y fumaba un cigarro, muerta de frío y pensaba en que el invierno es una joda, porque a las 7 de la tarde parecen las 11 de la noche.

Llegó la micro y cuando por fin pude encontrar un asiento, me acomodé y puse mi mochila sobre mis rodillas. La micro siguió llenándose, hasta que quedaron personas apretujadas por el pasillo. Miré al rededor por si había alguna señora o señor de tercera edad que necesitara mi asiento, pero no era el caso. En eso me percaté que al lado mío iba parado un mino, alto, delgado, buen mozo y con una sonrisa que mata. En seguida pensé: “Nooooo!! es tan lindo!! Vamos, piensa en alguna manera de entablar le conversa”. Pero soy tímida y me quedé muy calladita y sin mirar hacia arriba.

Cuando la micro partió me di cuenta de una segunda cosa, el “mino” llevaba una mochila, que lucía bastante cargada y que le costaba llevarla bien agarrada. Fue ahí cuando mi lado samaritano salió en su ayuda y le dije: “Oye, te llevó la mochila”. Debo aclarar que no pensaba en meter conversación, sino que en serio me preocupé, porque me ha pasado varias veces que gente ha llevado mi mochila y lo encuentro un gesto de lo más amable y sencillo… como una sonrisa… nunca está demás.

La cosa es que terminé en un taco de 35 minutos para llegar a mi casa y cargando mi mochilota y la del joven atractivo. Cuando llegaba cerca de mi bajada, él me pidió su mochila y me dio las gracias a lo que yo respondí que no había sido nada. Y listo yo dí por terminada la interacción y pensaba en el frío que hacía y en mi estufa que me esperaba en la casa.

De pronto siento que me tocan el hombro, me giro y el “mino” me pide que me saque los audífonos, me pregunta por mi nombre y si me puede buscar en Facebook. Primer problema: yo no aparezco con mi nombre real en las redes sociales, porque… soy una pendeja. Entonces le digo: si se puede bajar porque yo me tenía que bajar sí o sí, a lo que él me responde: “me tenía que bajar hace rato ya”.

Necesito hacer un alto: Aquí algunos pensarán “que romántico” “awwwwwww” “osea…no!” y otras personas estarán diciendo: “el hueón psicópata” “ah no que atroh”. Pero para efectos de mi experiencia lo único que pensé fue: OH MY GOD y me puse roja obviamente. Agradecimientos especiales al clima de invierno que no dejó que la sangre llegara a mis mejillas.

Le di mi nombre de Facebook, me explicó que me había encontrado muy linda y que no podía bajarse de la micro sin saber mi nombre.. y yo como digna pava solo atinaba a sonreír y tiritar. Nos despedimos y me fui a mi casa, con la promesa del muchacho guapo de que me agregaría  y podríamos conversar.

Quiero volver al principio: con mis veinte años, he soñado que algo así me pase desde que tenía quince… y sé que otros también lo han deseado. Les dejo esta luz de esperanza, no solo pasa en las películas o en TNT,también pasa en una micro, en Santiago de Chile y en mi vida.

C.